El apego en las relaciones adultas

La semana pasada comenzamos a hablar de apego centrándonos en la infancia y en la relación madre(s)-padre(s)-hije. Pero como adelantamos ya en ese post, nos parece importante hablar de que el apego no sólo se construye durante los primeros años de vida y no sólo importa cuando somos niñes.

Es cierto que el apego de la infancia marca nuestra forma de ser y nuestra forma de relacionarnos con otras personas, pero creemos que es fundamental no olvidar que el apego se construye día a día, al igual que todas nuestras relaciones. A cada interacción estamos transmitiendo el afecto y la relevancia que tiene esa persona en nuestra vida.

Los cuidados son una necesidad constante

De entre las muchas cosas que hemos aprendido de las relaciones no monógamas, una de las más importantes es poner sobre la mesa la necesidad de los cuidados. Y esto es extensible a todas las relaciones afectivas que tengamos con cualquier persona significativa para nosotres, incluso para las que no lo sean.

Y podréis pensar, ¿a qué te refieres con cuidados? Para nosotras, los cuidados relacionales incluyen desde lo más básico (querer y saber escuchar adecuadamente, saber expresarnos y hablar con asertividad, respeto mutuo…) hasta otras cosas que generalmente nos cuestan más porque requieren un esfuerzo extra. Por ejemplo, repensar cómo le hacemos notar a alguien que tiene nuestro apoyo, con qué tipo de preguntas (si las hacemos) en el caso de que esté pasando por una situación compleja, hasta qué punto nos involucramos para que la otra persona y nosotres mismes nos sintamos cómodes, cómo acompañar y ayudar sin ser invasives o alejarnos demasiado.

Personalmente consideramos que la base del apego, siempre, en cualquier relación, da igual que sea con niñes, adultes, el vínculo que os una… es la comunicación. Y en realidad no es nada sencillo o, al menos, no es lo que nos sale habitualmente de forma automática sin pensar mucho. Comunicarnos no es sólo hablar. Es elegir previamente con consciencia de qué hablar, cómo, en qué momento… Y a través de crear un espacio seguro para comunicarnos mutuamente estamos favoreciendo que las partes se sientan validadas para expresar sus sentimientos y necesidades.

Así lo reflexiona la compañera psicóloga Beatriz Cerezo:

“Últimamente le doy vueltas al sistema de cuidados y pactos que puede haber dentro de las relaciones no monógamas para favorecer un buen funcionamiento, comunicación y relación. Y me he parado a pensar, esto de los cuidados, no solo tiene que darse en una relación afectiva-sexual, ¡debería darse en cualquier sistema!

Es decir, si somos un grupo de trabajo en donde estamos revisando errores y objetivos de la empresa, la comunicación desde el cuidado es esencial. Si somos un grupo de amigxs que estamos pasando por un conflicto, los cuidados deberían estar presentes para no hacernos más daño”.

Os ponemos un ejemplo personal. El otro día estábamos hablando con una persona muy significativa para nosotras de los temas tabú en las relaciones, de cómo pueden favorecer que las relaciones sigan adelante de forma cordial cuando existe un conflicto al que no se le ha encontrado solución, o al contrario, ser un obstáculo para que las personas que la integran se sientan cómodas. Llegamos a la conclusión de que establecer un determinado tema como tabú puede resultar útil siempre y cuando se decida consensuadamente y de forma explícita -es decir, que no sea una de las partes la que lo decida así obviando el tema sin el consentimiento de la otra-. También hay que tener en cuenta en este sentido que las necesidades personales cambian con el tiempo, y las personas somos distintas.

Hay personas a las que les calmará tener temas tabú y mantenerlos así en el tiempo, y otras a las que puede que en un momento dado de su vida sientan la necesidad de hablar de algo que sucedió, y que si se encuentra con un muro comunicacional acabe patologizándose la relación.

Al fin y al cabo, en todas las relaciones sociales que mantenemos tenemos necesidades y deseos diferentes, se trataría de encontrar un “punto medio” en el que ambas partes, aún teniendo que ceder, se sientan conformes con el acuerdo establecido. Y sobre todo, procurar no dar cosas “por hecho”, ya que las interpretaciones pueden ser diferentes para cada persona y por tanto puede cambiar su vivencia de la relación.

¿Creéis que sabemos comunicarnos de verdad en nuestras relaciones? ¿Te parece importante abordar este tema de forma consciente o crees que las relaciones funcionan y se mantienen a lo largo del tiempo por sí solas?

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El artículo de Beatriz Cerezo al que hacemos referencia: Los cuidados en las relaciones

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